Sin un adiós no se apreciarían los regresos, sin un llanto la risa perdería su importancia, sin desilusión no habría motivación para buscar una nueva ilusión, sin las caídas no valdría de nada volver a levantarnos. Sin lo malo, lo bueno perdería su valor, sin el dolor la alegría no nos brindaría una razón, si no existiera esa dualidad el bien y el mal no tendrían sentido, el amor y el odio no fueran definidos y muchas otras cosas perderían esa esencia que, aunque ignoramos, cuando nos falta la extrañamos.

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