Una pared refleja lo que quiero ver, responde lo que quiero oír, ¿O tal vez no? No sé sus componentes, no sé de qué está hecha pero me da lo que necesito. Testigo callado de lo que me pasa, compañera inestable de mis arranques de rabia, no entiendo o es que no quiero entender. Te grito y sigues allí, devolviendo cada sonido repleto de dolor, absorbiendo cada lágrima cuando ya no puedo gritar más. Me sostienes pero no me abrazas, me oyes pero no me escuchas, te golpeo y no te defiendes. Me siento impotente al buscar cualquier reacción de tu parte, triste muralla que sólo aguantas y aguantas ¿Qué haces? ¡Devuélvemelo! ¡Defiéndete! No te dejes opacar por mí, no te dejes ¡hazlo!
Sólo logro ver agua, sentir tu poder entre mis nudillos y tu frialdad en mi cara cuando ya no puedo más. Caigo frente a ti, me rindo, respóndeme ¿Por qué? Necesito que te defiendas, necesito que devuelvas más que mis palabras. Te ruego que cobres vida, que respondas mis preguntas, que de ti salga el golpe más duro que pueda recibir, una frase que me haga reaccionar. ¡Vamos! No voy a parar, no voy a desistir, no lo haré hasta que ya no sea yo quien me haga frenar, seguiré gritando, seguiré golpeando, sé que en algún momento te defenderás. Si no lo haces no podré seguir, si no me lo demuestras seguiré aquí, sola, buscando animar un objeto inanimado, buscando palabras que no voy a escuchar, limpiando el rastro color carmesí trazado por mis puños. De rodillas te imploro que cobres vida, que te derrumbes sobre mí, tal vez así consiga fuerzas para vivir, para querer salir de esos escombros existentes en mi cabeza, tal vez si me regalas unos minutos de fantasía salga del fondo y te deje atrás.